Bobastro
Hace unos años decidí escribir unas líneas sobre Umar ibn Hafsun personaje al que muchos andaluces desconocen y que sin duda alguna hay que considerarlo tan importante o más tal vez que el Cid Campeador. En aquel artículo me ocupé casi exclusivamente del reyezuelo de al-Andalus dejando para mejor ocasión los pormenores que todavía persisten en torno a la ciudad-fortaleza de Bobastro, capital de su feudo. ¿Cuál es su emplazamiento? ¿Qué misterio ronda a su alrededor? ¿Qué papel juega después de su toma por Abd al-Rahman lll? .. Estas son las tres interrogantes que a menudo se plantean los estudiosos del tema y que con mejor o peor fortuna tratan de despejar. Al hacer un recuento de los años que llevo dedicado al tema veo con asombro que pasan de quince ... y que cada vez surge una nueva voz diciendo el nuevo emplazamiento de Bobastro. Esto lejos de desanimarme surte un efecto vivificador y me hace reconsiderar todo el material acumulado por el tiempo para volver una vez más a reconstruir la historia de Umar y de su legendario castillo.
J. A. Conde, en su "Historia de la dominacion de los árabes en España", situó Bobastro en el Pirineo, confundiendo el latino "Bobaxter" con Barbastro. R. 00zy, que nos legó entre otras obras su magistral "Historia de los musulmanes de España", lo supone al Oeste de Antequera, en unas ruinas conocidas por el Castillón, cerca de Teba. Pero la gloria de su exacta localización le estaba reservada al malagueño Francisco Javier Simonet, que, siguiendo las indicaciones de su maestro y paisano Serafín Estébanez Calderón, lo situó en las Mesas de Villaverde (El Chorro) .
La figura de Simonet (1829-1897), arabista e historiador, y su obra, merecen una urgente reivindicación. Ojalá nuestro deseo se cumpla y pronto veamos reeditadas su monumental "Historia de los mozárabes de España" y esas otras dos joyas "Descripción del reino de Granada" y "Glosario de voces ibéricas y latinas usadas entre los mozárabes".
Simonet ha sido el autor que más tiempo dedicó a la figura de Umar ibn Hafsun, aunque deformó su imagen hasta presentarlo casi como un santo. Así y todo es imprescindible su lectura para acercamos a nuestro personaje. Existe un texto muy curioso, y casi desconocido, del malagueño que por su interés quiero reproducir en sus pasajes más relevantes. Está escrito en forma de cartas -de las que he recuperado la primera- dirigidas a Aureliano Fernández Guerra y fechadas en 1869, aunque el autor reconoce no haberlas publicado hasta el año siguiente. El título global es "Una expedición a las ruinas de Bobastro" ...
El texto es como sigue:
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"Mi respetable amigo y dueño: hallándome este verano en la villa de Alora, de la provincia de Málaga, quise matar el ocio, examinando alguna de las curiosidades, así naturales como artísticas e históricas, que encierran aquella población y su término.
Pero lo que juzgo más interesante y quiero someter al buen criterio de V. y á su gran pericia arqueológica, es lo que ví y oí en mi expedición á las Mesas de Villaverde, situadas en el corazón de las sierras que se extienden al Norte de Alora.
Yo creo que aquellas formidables cumbres, que ostentan ruinas de antiguos edificios y fortificaciones, fueron el asiento del famoso castillo de Barbaxter, Bobaxter ó Bobastro, baluarte de la nacionalidad hispano-cristiana en el último tercio del siglo IX y primero del siglo X. Yo creo con un ilustre ingenio de nuestros días (hay una nota en la que habla de Estébanez Calderón) que aquellas fueron las nuevas Asturias, donde el celebérrimo caudillo de linage godo Omar ben Hafsun, renovó, con igual gloria, aunque con menor fortuna, las hazañas de los Pelayos y Alfonsos.
Acompañado por personas prácticas y conocedoras de aquellos extraviados lugares, y llevando conmigo los textos de los autores árabes que hablan de Bobastro, me encaminé en busca de las Mesas de Villaverde.
Estas mesas están situadas en las vertientes meridionales de la sierra de Abdalajiz, sobre la orilla derecha del río Guadalhorce, que las corta de N. á S. distando legua y media al N.O. de Alora, una corta al E. de Hardales, tres al s.a. del Valle de Abdalajiz, y dos al N. de Casarabonela.

Para buscarlas, pues, desde Alora, salimos de esta villa en dirección del N. y de la mencionada sierra, sirviéndonos de guía las riberas del Guadalhorce y la línea férrea que desde Málaga conduce a Córdoba pasando por Alora y Bobadilla. A la mitad de la jornada pasamos cerca del cortijo de Bombichar, cuyo nombre pudiera ser corrupción de Bobaxter. Prosiguiendo nuestro camino por el terreno que á cada paso se hacía más áspero y fragoso, llegamos á los pintorescos tajos del Chorro ó Salto del Guadalhorce, por donde se despeña este río, franqueando por estrecha garganta las rocas y precipicios de la sierra.
Al llegar a este sitio solitario, sombrío y formidable, ya no dudé que estaba próximo á la inaccesible y fortísima morada del indomable guerrero, terror de los sultanes cordobeses. En efecto, sólo un valle estrecho, el arroyo de Villaverde, separa ros altísimos tajos del Chorro de los gigantescos cerros que forman las Mesas. Aquel sitio, aunque siempre admirable y sublime, ha perdido en nuestros días mucho de su antigua y natural magnificencia que recuerdan los naturales del país. Ya el río, que ha carcomido y ahondado su estrechísimo cauce, no se precipita como antes en altísima cascada; por debajo de la cual, según cuentan, solían atravesar carretas tiradas por bueyes; ya han huido las espesas bandadas de palomas azules que antes poblaban las quiebras del Chorro. La vía férrea que atraviesa por inmensos túneles el corazón de aquellas montañas, y deja ver un puente colgado a enorme altura en un ángulo de los empinadísimos tajos, ha robado a aquel lugar mucha parte de su aspereza, su silencio y soledad.
Para subir a las Mesas, echamos por el arroyo o torrente de Villaverde que al pie del mismo Chorro se une con el Guadalhorce. Dejando á la derecha los tajos del Chorno, los Gaitanes y el Almorchón, y cortando con trabajo la frondosa espesura de juncos, carrizos y adelfas que tapiza el valle, llegamos al pie de la antigua ermita de Nuestra Señora de Villaverde.
Cuando visité aquel santuario (el día 5 de setiembre) se hacían algunos preparativos para una función y féria que debían verificarse en aquel lugar tres días después, en obsequio de Nuestra Señora de Villaverde, que se celebra en la fiesta de la Natividad. Con este motivo acuden allí muchos devotos de los cercanos pueblos; y, según me afi rmaron, antiguamente los vecinos de Alora, Hardales y el Valle, so
lían celebrar allí el popular simulacro de moros y cristianos; recordando quizás las sangrientas peleas reñidas en aquellos mismos sitios nueve siglos antes entre árabes y españoles.
Desde la ermita continuamos nuestro camino á las Mesas, trepando largo rato por las tortuosas y estrechas sendas que surcan y rodean la montaña.
Las Mesas de Villaverde, se forman por la unión de tres cerros escarpados y altísimos, que juntan sus cumbres. Divídense, por decirlo así, en dos partes: el declive llamado los andenes y las mesas propiamente dichas.
Casi á la mitad de la subida (sobre el camino de Hardales), nos detuvimos en unas grandes mesetas, donde vimos muchas tejas y ladrillos, despojo de antiguas construcciones, y grandes piedras cuadradas, restos indudables de fortísimas murallas que guarnecían y defendían aquella parte de la montaña. Al frente de la meseta principal, que mira hacia el norte, subsiste aún el edificio conocido hoy por la Casa de la Moneda, abierto y labrado á pico en la roca del monte. Aunque barrenado y destruido en parte por la codicia de buscar tesoros, muy en boga entre los naturales de la tierra, conserva gran parte de su primitiva fábrica, dejando ver tres órdenes sucesivos de aposentos, una puerta y grandes ventanas circulares, todo tallado en la dura roca. A la espalda de este edificio, que se apoya en la falda del monte, y algo arredrado de él, se conserva una especie de cuarto ó casa menor, labrado también en la peña. Desde la Casa de la Moneda continuamos trepando hasta llegar á las altas cumbres ó Mesas, cuya extensión compite con su altura. Las Mesas miden próximamente media legua de longitud y un cuarto de legua de latitud. Su figura es irregular, y la superficie no del todo llana, sino suavemente levantada ó deprimida á largos trechos. En diversos puntos hay algibes de más ó menos profundidad, muchos escombros de ladrillos y tejas, restos de antiguos edificios, y en distintas partes de su circuito se conservan aún señales evidente de varios órdenes de muros, construidos de grandes piedras cortadas, conociéndose que en lo antiguo todo el recinto de las mesas estaba amurallado.
En el extremo más oriental de las Mesas, dominando enormes tajos, cuyos pies baña el río Guadalhorce, se forma un otero o altozano llamado El Castillón, que no debe confundirse con el cerro del mismo nombre separado de las Mesas por el arroyo de Villaverde. El altozano á que me refiero debió ser la parte más fortificada de las Mesas, formando un formidable baluarte ó castillo á que debe por tradición su nombre actual. Así lo acreditan grandes trozos de murallas y aun de torreones que hoy se descubren, construidos de piedras cortadas, y mayor copia de escombros que en el resto de las Mesas: también hay un algibe. En su falda á la parte del S.E. se ven grandes fragmentos de muros y adarbes, que defendían el único punto accesible de aquella fortaleza.
El Castillón domina el territorio vecino y goza de magníficas vistas de montañas, arroyos y pueblos. En primer término se dibuja ala. la roca de Hardales que oculta el pueblo de su nombre; al N.E. el camino del Valle de Abdalajiz abierto en las ásperas vertientes de la sierra de Antequera; al S.E. se dilata la vista por un risueño y verde valle que fecunda el rio Guadalhorce dirigiéndose hacia Alora; de N. á E. limitan el horizonte las peladas cumbres y gigantescos tajos pintados de rojo y azul del Almorchón, de los Gaitanes y del Chorro.
Más lejos al N.O. se descubre Cañete la Real; más al N. el castillo de Teba levantado en una altura y los pueblos de Peñarrubia y Campillos; al N.E. el pintoresco Torcal de Antequera, en cuyas raíces se esconde la antigua Nescania; más al E. el campo de Cámara; al S.E. la sierra del Hacha en cuyos pliegues se oculta Alora; al S. la alta sierra de Casarabonela; y al s.a. la gigantesca de Caparain ó Alcaprain; de la cual, desgajándose, por decirlo así, dos rocas, dan asiento por el mediodía al castillo de Turón, y por la parte septentrional al de Hardales.
Dignos también de examen y estudio son los Andenes, es decir, las laderas de las mismas Mesas, que ostentan muchas cuevas y aposentos cavados en la roca. Al subir por el parage llamado Los Aposentillos, y al pie de estos mirando al S.E., está la cueva llamada La Casa de la Reina con varias estancias á que se asciende por una escalera tallada en la peña y con grandes ventanas que miran al río Guadalhorce.
En estas cuevas se ven unas grandes cornisas formadas por la misma roca del monte y labradas primorosamente á modo de arabescos. Yo creo que éstas y otras cuevas que á cada paso se abren en los Andenes eran puntos estratégicos destinados á defender el acceso de las Mesas, y á ofender con piedras y armas arrojadizas á los enemigos que se atreviesen á penetrar en los valles y ramblas vecinas.
Las Mesas de Villaverde son en su mayor parte inaccesibles é inexpugnables, como defendidas por la naturaleza con altísimos tajos, horribles derrumbaderos y profundos barrancos. La acción destructora del tiempo, los largos asedios y algunos trabajos de labor, han vencido un tanto su primitiva aspereza, y á ello se debe que su acceso sea hoy más fácil que en los pasados siglos. Hoy sus principales subidas son dos, los Portezuelos ala. y la Puerta del Sol al S.E. Pero aun ahora la subida es agria y difícil, pues se hace á favor de sendas estrechas y tortuosas, inaccesibles á huestes armadas, y que fácilmente se pudieran defender por las obras de fortificación que existían en lo antiguo y por las cuevas de los andenes.
Este acceso debía ser mucho más difícil en las estaciones de las lluvias, cuando los torrentes y arroyos crecidos convertían las Mesas casi en una isla. Rodéanlas en efecto el río Guadalhorce, el arroyo de Villaverde, el de los Granadas y el del Colmenar, que viene de la parte de Hardales."
El texto, como el lector juzgará, conserva todo el encanto de las crónicas y estudios de su época. Pero hay, también, todo un saber al servicio de la investigación, en un tiempo en el que el historiador no se limitaba a trabajar desde una mejor o peor biblioteca o archivo y sí a patear el terreno con no poco riesgo de su persona, amén de las escasas comunicaciones existentes.

Simonet no pudo asistir al gran descubrimiento que reservaba Bobastro. Treinta años después de su muerte, es deci r en 1927, aparecerá el trabajo de C. de Mergelina, "Bobastro. Memoria de las excavaciones realizadas en las Mesas de Villaverde. El Chorro (Málaga)", donde con toda suerte de detalles el libro va ampliamente ilustrado con fotografías y planos se explica no sólo lo que pudo observar Simonet, sino también esa gran joya que es la iglesia rupestre de Bobastro, mozárabe, y única en su género, ya que está excavada en la misma roca. Como es lógico entre la visita de Simonet (1869) Y la fecha de las excavaciones ha transcurrido más de medio siglo Bobastro presenta un aspecto aún más ruinoso, lo que no impide la alzada de planos importantísimos como los del alcázar de la ciudad-fortaleza. Si quedaba alguna duda sobre el emplazamiento del nido de águilas de Umar ibn Hafsun, los trabajos de C. Mergelina fueron concluyentes y así los han aceptado la mayor parte de los arabistas e historiadores de todo el mundo, incluido el inolvidable profesor Lévi-Provenyal máxima autoridad en la materia ...
Por los años cuarenta, a tenor de las fechas de sus escritos sobre el tema, Fidel Fernández que llegó a publicar un libro sobre Umar- realiza una visita a Bobastro en compañía de unos amigos y guías bien escogidos que le acompañan desde Antequera. Modesto historiador, como él mismo se confiesa, no le falta una excesiva dosis de fantasía y así su estudio con un fichero sobrecargado de fuentes bibliográficas está más cerca del género novelístico que de la investigación histórica. Pero, sin embargo, nos sirve de testigo de excepción para anotar los diferentes cambios que se han operado en Las Mesas de Villaverde a través del tiempo. En efecto, tras describir lo penoso de su acceso, nos dirá: "Como acontece con otras semejantes y aún más grandiosas poblaciones, apenas quedan vestigios ni restos de Bobastro; si es que de tales no se reputan algunos escombros en la cima, y varias cuevas abiertas a media ladera que el vulgo, con desenfado que horripila al erudito, suele llamar obra de moros, cuando 'precisamente fueron obras contra los moros.
En lo más agreste de las laderas y en lo más intrincado de los barrancos aparecen excavadas en la roca numerosas cuevas, junto a casas construidas con fuertes sillares que más bien parecen avances defensivos que pacíficas moradas. Al pie del cerro del Castillón, y en la vertiente y mesetas que llaman de la Encantada, debió vivir una población muy numerosa, a juzgar por los restos de muros que afloran, por las oquedades que son vestigio de cuevas habitables y por el no corto número de cisternas para recoger el agua de lluvia."
Por los años sesenta se vive en Antequera un auténtico "boom" si bien limitado a estudiantes, profesores, escritores y aficionados en torno al tema musulmán en general (y a Bobastro y la figura de Umar ibn Hafsun en particular), por obra y gracia de Fermín Requena y el P. Agustín de Antequera que llegan a publicar casi simultáneamente sendos libros sobre "Bobastro" y "El ami rato malagueño de los beni Hafsun", respectivamente. Fermín Requena, autor de este último libro, venía ya publicando una serie de títulos ("Algeciras durante la dominación musulmana", "Poetas árabes del Califato", "Del Marruecos Andaluz", "Madina Raya", etc.) que le hacen acreedor de este revulsivo a que aludíamos antes. Viví aquellos años, precisamente en Antequera, y puedo dar fe de que influyeron de tal forma en nosotros me refiero a los profesores que ejercíamos allí que raro era el fin de semana que no salíamos con rumbo al Chorro (tanto al pantano como al desfiladero del mismo nombre) o a las Mesas de Villaverde ...De la lectura de aquellos libros deducíamos el continuo expolio a que se veían sometidas las ruinas de Bobastro. Este dato es de gran importancia porque posteriores estudios no han llegado al meollo de la cuestión: Bobastro es un espectro de lo que se podia observar en el siglo 'pasado y pri'mer tercib del presente ... y no sólo en el aspecto arqueológico. En un plano geográfico que recogiera de modo fiel su primitivo aspecto habría que tener en cuenta las talas que sufrió por parte de los ejércitos omeyas, las obras del ferrocarril, las del embalse del Guadalhorce, las plagas de la filoxera, etc., etc.
He realizado seis viajes a la ciudad-fortaleza de Umar e innumerables (tanto de reconocimiento como de expansión o empleo de mi tiempo de ocio) a sus inmediaciones. De ello se ocupó la prensa en su día e incluso conservo un programa de festejos de la juventud rondeña en la que se cita la charla que en las Mesas de Villaverde di a un nutrido grupo de aficionados al tema. Pues bien, entre el primero y el último hay un espacio de algo más de diez años y, sin embargo, se ha transformado tanto el paraje aquel, que los que en verdad apreciamos 'Andalucía y su historia no podemos silenciar este ultraje a un conjunto arqueológico tan significativo como el de la Antequera de los dólmenes o el teatro de Accinipo ...
Las dos últimas teorías sobre el emplazamiento de Bobastro tratan de ubicar a éste en lo que el profesor Vallvé denomina región de Coma res.
La primera, que se debe al citado profesor, apareció publicada en la revista Al-Andaluz en un trabajo titulado "De nuevo sobre Bobastro". Según Vallvé la ciudad-fortaleza se levantó "en un lugar muy próximo al nacimiento del río de la Cueva" (Postuero o Lugar de la Encina).
Entre las muchas razones que citaba para desechar las Mesas de Villaverde como el lugar en que estuvo asentado Bobastro se incluían éstas:
a) Que Mergelina no encontró en sus excavaciones pruebas concluyentes.
b) Que el propio Mergelina dice sobre las Mesas y la localización de Bobastro que "si así no fuera, sólo el aspecto formidable del pintoresco rincón lo acreditaría, pues lógico es pensar que Omar, (para poder mantenerse con ventaja, sobre todo en los prímeros tiempos de su alzamiento, eligiese un lugar que la naturaleza ofrecía tan apropiado para hacerse fuerte". Argumento que al profesor catalán no convence, pues dentro de la provincia de Málaga se podrían señalar lugares que reúnen mejores condiciones de defensa.
c) La distancia de Hisn Qamara (¿Colmenar?) de las Mesas de Villaverde (más de sesenta kilómetros), imposible, según él, de recorrer en unas horas o en una noche para dar alcance a una comitiva de guías con cien caballerías (pasaje de la afrenta de Umar a al-Mundir).
d) La pobre vegetación de la zona de Bobastro, aun reconociendo las diversas talas de los ejércitos omeyas, que es citada, sin embargo, por los geógrafos árabes como todo lo contrario e incluso en la toma por los bereberes -siglo XI- permitió a éstos disfrutar de sus riquezas naturales. En contraste con la exuberancia de la Axarquía.
e) Los restos de cerámica, ladrillos y piedra tallada a la falda sur de la Sierra del Rey, así como la existencia de toda clase de defensas militares basándose en la toponimia menor de la zona (la Alcolea, la Atalaya, el Atalayón, etc.).
Podría seguir enumerando unas cuantas más, pero creo que con las mencionadas, que a continuación rebatiré, es suficiente.
Que Mergelina encontró pruebas más que suficientes, tras la localización de Simonet, es tan palpable, que todos los historiadores la han dado por válida. Adjunto el esquema del Alcázar de Bobastro así como el plano de la iglesia mozárabe, planta y perspectiva isométrica. Remito al lector a la lectura de la memoria de las excavaciones para que disipe cualquier duda. Enumerar todos los hallazgos, nos llevaría a escribir un libro y no es este mi propósito por ahora ... Es más, en su día di a conocer en la prensa el
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Sabemos de la espectacular conversión de Umar ibn Hafsun al cristianismo (remíto al lector a mi trabajo en el número 8 de esta revista). ¿No es prueba suficiente que en las Mesas de Villaverde se encuentre la única iglesia mozárabe de Andalucía?
En lo que respecta a que dentro de la provincia de Málaga hay lugares con mejores condiciones para su defensa, es totalmente falso. Veamos de forma fugaz el cinturón defensivo de Bobastro: "Hian Campil" (Campillos), "Hisn ltaba" (Castillo de Teba), "Hisn Qanit" (Castillo de Cañete la Real), "El Borch" (El Burgo), "Qasr Bunayra" (Casarabonela), Alora, '"Hisn Santi Biter" (Castillo de Santi Petri), "Hisn Qamara" (Castillo de Campo Cámara, ¿Colmenar?), "Antaqira" (Antequera) ...
Si unimos en un mapa estos puntos, observaremos que no fue casual el elegir las Mesas de Villaverde como núcleo central. Pero hay más, si volvemos de nuevo al mapa y unimos también "Sajra Ardarex" (roca de Ardales), Castillo de Turón, Carratraca y Abdalajiz, tendremos otra barrera defensiva. Por si fuese poco, Umar fortificó hasta los tajos que lindan con las Mesas: el Almorchón, el Castillón, etc. Sin olvidar el lector que en la época de las lluvias, ya apuntaba Simonet, Bobastro se convertía casi en una isla ...
En cuanto a la distancia entre "Hisn Qamara" y Las Mesas de Villaverde (más de sesenta kilómetros) como insalvable por parte de Umar ibn Hafsun tras una comiitiva compuesta por unos guías y más de cuarenta mulos con regalos (Vallvé cita cien cabalIerías), basándose en que empleó una noche o unas horas, es algo que se presta a un simple razonamiento. En primer lugar habría que señalar que el emplazamiento de "Hisn Qamara" es algo que aún no está resuelto. Se sabe que "Fahs Qamara" (Campo de Cámara) era un terreno comprendido entre Casabermeja y Antequera, y que el "Hisn Qamara" fue un castillo situado en aquella zona, pero sin localizar aún. Vallvé escribe al respecto "sospechamos que el Hisn Qamara, donde fue sitiado Umar ibn Hahsun debió ocupar el emplazamiento actual de la villa de Colmenar, situada en el cruce de los caminos que van a Málaga, Antequera, Loja y Vélez Málaga." Es decir, que niega que Bobastro estuviese en las Mesas de Villaverde por la sospecha de que la fortaleza en que fue sitiado estuviese en Colmenar ...
Por una ironía del destino, cuando leí el trabajo del profesor catalán ... me encontraba destinado en Colmenar, donde ejercí mi IJrofesión durante varios años. y lo curioso del caso es que tenía razón en la localización de Hisn Qamara. Su sospecha se hubiese confirmado con sólo dedicar un poco de tiempo a conversar con la gente del pueblo ...
Al realizar las obras del grupo escolar, situado a la entrada del pueblo y a su derecha viniendo de la antigua carretera de Málaga a Granada, se descubrió un cementerio árabe e incluso una serie de vasijas y más restos que se silenciaron a pesar de que llegaron algunos arqueólogos interesados en el 'hallazgo por ese afán de no detener las obras, que tanto daño ha causado en Andalucía. Los más viejos del lugar narraban cómo habían oído de sus antepasados que en el lugar en donde hoy se levanta la iglesia existió una fortificación o castillo. La iglesia se encuentra en un montículo que reúne todas las condiciones defensivas e incluso por un costado quedan restos de una especie de caballerizas que pude examinar con detenimiento. Por si fuera poco de allí parte el camino de herradura que conduce a Comares ..
Todo esto quedó reflejado en un breve estudio sobre la villa, que incluía una serie de fotografías, que entregué con vistas a un folleto turístico, pero quedó postergado por la desidia y falta de interés de quienes tenían la obligación de editarlo.
De creer que la distancia de Colmenar a las Mesas de Villaverde era un serio obstáculo para' Umar ibn Hafsun en su intento de dar alcance a la comitiva omeya, se me hubiese minimizado la figura del rebelde andalusí. Sepa el lector que un enamorado de estas tierras -Gerald Brenan- realizó una serie de caminatas por la Axarquía y la Alpujarra, en los años veinte, en estas condiciones: "La carretera era un ancho sendero -el pie se hundía hasta el tobillo en el barro, pues en aquella época ninguna de las carreteras andaluzas estaba pavimentada-, que se extendía ante mí y se perdía en un lejano horizonte de montañas", y más adelante: "Pero ya no podía retrasarme más, así que decidí ponerme en camino al día siguiente al amanecer. Tenía veintiocho horas para recorrer unos ciento quince kilómetros y cinco pesetas que me había prestado María para el viaje." (No olvidemos que se refiere a realizarlo a pie).
Se podrían citar cientos de ejemplos, pero, como no quiero extenderme, baste recordar que Umar conoce perfectamente el terreno y sabría por dónde acortar distancia, al margen de que persigue a una pesada
comitiva -cargada de regalos- compuesta por un buen número de caballerías nada fácil de conducir en la noche por aquellos parajes.
En el punto comparativo de la comarca de las Mesas de Villaverde con la de Comares, hay que resaltar la habilidad de las omisiones del profesor Vallvé, porque no puedo creer en ignorancia, así cuenta cómo en 1964 recorri'ó detenidamente la, zona (el subrayado es nuestro) desde Antequera por el camino de CampiIllos, Peñarrubia y Ardales: "por una carretera local nos fuimos acercando al pantano del Chorro y nos llamaron la atención sus peladas montañas y su pobre vegetación muy distinto a cuanto reflejan los geógrafos árabes cuando describen Bobastro". Y más adelante: "por mucho que se hubieran dedicado a talar sus campos no habría cambiado su naturaleza hasta convertirse en una zona completamente esteparia y yerma". Y como resultado de todo esto, el contraste con la Axarquía ...
Que la tala de bosques puede cambiar un paisaje, lo describe -magistralmente- otro enamorado de Andalucía: Juan Goytisolo. Conocedor de Almería, llega a escribir "los latifundios almerienses abandonaron las obras de irrigación emprendidas por los musulmanes, talaron los bosques y saquearon las minas, convirtiendo el magnífico emporio de riqueza que describía Mohamed-el-Adrassi en el siglo XI en "el grito anhelante de agua" que evocaba el propio general Franco en su discurso de Huércal-Overa del primero de mayo de 1961".
Pero es más, admitiendo los sectores despoblados de parte de la zona, no debemos olvidar la serie de transformaciones a que se ha visto sometido el lugar: línea del ferrocarril, embalse del Guadalhorce, maniobras del ejército, etc., etc.
Por si fuese poco, observe el lector que el reconocimiento de la zona lo realiza por la parte de Peñarrubia, Ardales y carreteras locales que le llevan al pantano ... ¿Por qué no realiza el reconocimiento, desde Málaga a Bobastro por Pizarra y Alora? Esto ya es otro cantar. Y de cante va la cosa. Hasta en el flamenco se recogen estos versos de Málaga.
Pizarra, Alora (ya en el poema medieval "Alora la bien cercada" habla de su riqueza) y las inmediaciones de Bobastro han sido tradicionalmente muy ricas en frutales. Esto no es una invención, sino la realidad. Ya de Alora y su zona -remito al mapa para que se vea su linde con las Mesas escribía Simonet: "pueblo esencialmente agrícola, debe su vida y prosperidad a sus frondosas huertas y fructíferos collados. Es una población alegre que asentada sobre rocas al pie de la gigantesca sierra del Hacho, disfruta un vistoso panorama de verdes limonares que fecunda el río Guadalhorce, de risueños cortijos tendidos en las colinas y de pintorescas montañas que limitan el horizonte".
El mismo Simonet nos habla del colono de las Mesas que cultivaba un pequeño olivar en una ladera y una viña en las cumbres. Con la expulsión de los moriscos debió quedar arruinada aquella parte de la zona. Ya Mármol habla de una población antigua llamada Villaverde, y, en nuestros días, J. Caro Baroja nos describe la historia y sobre todo los trabajos de los moriscos ...
Los topónimos son explícitos: Arroyo del Granado, del Colmenar, etc.
¡Qué razón tiene Jean Sermet al afirmar: "Tan verdad es que a pesar de toda la armadura cartográfica y matemática de que usan actualmente los geógrafos (y nosotros añadimos, y los historiadores ... ), nada reemplaza el contacto con el suelo, para el buen conocimiento del país".
Esta frase la intuía hace casi diez años, de ahí que denunciara públicamente que para hacer historia no bastaban los archivos ... que había que patear el terreno donde se desarrollaron los hechos. Y cuando digo el terreno no sólo deseo expresar parte del terreno sino todo ...
lIoS y pleara tallada ... no sé SI echarme a llorar ... porque a continuación se lee que la toponimia menor de la zona denota la existencia de toda clase de fortificaciones ... ¿qué fortificaciones?, ¿acaso la Atalaya o el Atalayón no nos dicen claramente lo que son? Se trata de torres almenaras de las que está poblada toda la provincia de Málaga, por citar una ... ¿Se puede comparar con el denominado cinturón defensivo de Bobastro? .. Y el lector sabe que si visita estos puntos que rodean a la ciudad-fortaleza de Umar ibn Hafsun, encontrará castillos y no atalayas.
Cuando al término del curso 1975-76 me trasladé, como todos los veranos, a Málaga me encontré con la sonrisa burlona de varios amigos que decían si estaba al tanto de la última novedad del asunto Bobastro. Incluso me presentaron a uno de los que trabajaban en el equipo responsable de la última, por ahora, localización del tan llevado y traído lugar. Ya imaginaba lo que me iban a decir, pero aguardé a que me lo confirmaran: Mazmuyaz (próximo a Comares) .
Y una vez que leí un artículo en la prensa con toda clase de detalles de los descubrimientos, etc., etc. no pude menos que reírme para mis adentros por la mala 'memoria de mis amigos: aquello lo señalaba como zona interesante en una entrevista concedida a Sol de España hace ya siete años largos ...
Me parece muy plausible que se lleven allí toda clase de excavaciones y "descubrimientos", pero por lo menos hay que tener un poco de memoria ... y de eso a decir que es Bobastro ...
El papel que juega la antigua fortaleza de Umar, después de su toma, y a la vista de la extensión que merece, aparecerá en su momento en un trabajo del que llevo sólo unas páginas. De todas formas remito al lector al interesante librito de Luis Seco de Lucena sobre los hammudíes que encontrará en la bibliografía de este pequeño estudio.
BIBLlOGRAFIA
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FRANCISCO JAVIER SIMONET. Historia de los Mozárabes (fe España. Madrid, 1897-1903. FRANCISCO JAVIER SIMONET. DescripCión de'l Reino de Grana'da. Madrid, 1860.
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