Las Ruinas de Bobastro

Bobastro, comarca de Ardales provincia de Málaga

Umar Ibn Hafsun personaje al que muchos andaluces desconocen y que sin duda alguna hay que considerarlo tan importante o más tal vez que el Cid Campeador.

Al llegar a este sitio solitario, sombrío y formidable, morada del indomable guerrero, terror de los sultanes cordobeses. En efecto, sólo un valle estrecho, el arroyo de Villaverde, separados por altísimos tajos del Chorro de los gigantescos cerros que forman las Mesas. Aquel sitio, aunque siempre admirable y sublime, ha perdido en nuestros días mucho de su antigua y natural magnificencia que recuerdan los naturales del país. Ya el río, que ha carcomido y ahondado su estrechísimo cauce, no se precipita como antes en altísima cascada; por debajo de la cual, según cuentan, solían atravesar carretas tiradas por bueyes; ya han huido las espesas bandadas de palomas azules que antes poblaban las quiebras del Chorro.

La vía férrea que atraviesa por inmensos túneles el corazón de aquellas montañas, y deja ver un puente colgado a enorme altura en un ángulo de los empinadísimos tajos, ha robado a aquel lugar mucha parte de su aspereza, su silencio y soledad. Para subir a las Mesas, echamos por el arroyo o torrente de Villaverde que al pie del mismo Chorro se une con el Guadalhorce. Dejando á la derecha los tajos del Chorno, los Gaitanes y el Almorchón, y cortando con trabajo la frondosa espesura de juncos, carrizos y adelfas que tapiza el valle, llegamos al pie de la antigua ermita de Nuestra Señora de Villaverde.

 

En el extremo más oriental de las Mesas, dominando enormes tajos, cuyos pies baña el río Guadalhorce, se forma un otero o altozano llamado El Castillón, que no debe confundirse con el cerro del mismo nombre separado de las Mesas por el arroyo de Villaverde. El altozano á que me refiero debió ser la parte más fortificada de las Mesas, formando un formidable baluarte ó castillo á que debe por tradición su nombre actual. Así lo acreditan grandes trozos de murallas y aun de torreones que hoy se descubren, construi­dos de piedras cortadas, y mayor copia de escombros que en el resto de las Mesas: también hay un algibe. En su falda á la parte del S.E. se ven grandes fragmentos de muros y adarbes, que defendían el único punto accesible de aquella fortaleza. El Castillón domina el territorio vecino y goza de magníficas vistas de montañas, arroyos y pueblos. En primer término se dibuja ala. la roca de Hardales que oculta el pueblo de su nombre; al N.E. el camino del Valle de Abdalajiz abierto en las ásperas vertientes de la sierra de Antequera; al S.E. se dilata la vista por un risueño y verde valle que fecunda el rio Guadalhorce dirigiéndose hacia Alora; de N. á E. limitan el horizonte las peladas cumbres y gigantescos tajos pintados de rojo y azul del Almorchón, de los Gaitanes y del Chorro.

 

Más lejos al N.O. se descubre Cañete la Real; más al N. el castillo de Teba levantado en una altura y los pueblos de Peñarrubia y Campillos; al N.E. el pintoresco Torcal de Antequera, en cuyas raíces se esconde la antigua Nescania; más al E. el campo de Cámara; al S.E. la sierra del Hacha en cuyos pliegues se oculta Alora; al S. la alta sierra de Casarabonela; y al s.a. la gigantesca de Caparain ó Alcaprain; de la cual, desgajándose, por decirlo así, dos rocas, dan asiento por el mediodía al castillo de Turón, y por la parte septentrional al de Hardales. Dignos también de examen y estudio son los Andenes, es decir, las laderas de las mismas Mesas, que ostentan muchas cuevas y aposentos cavados en la roca. Al subir por el parage llamado Los Aposentillos, y al pie de estos mirando al S.E., está la cueva llamada La Casa de la Reina con varias estancias á que se asciende por una escalera tallada en la peña y con grandes ventanas que miran al río Guadalhorce. En estas cuevas se ven unas grandes cornisas formadas por la misma roca del monte y labradas primorosamente á modo de arabescos. Yo creo que éstas y otras cuevas que á cada paso se abren en los Andenes eran puntos estratégicos destinados á defender el acceso de las Mesas, y á ofender con piedras y armas arrojadizas á los enemigos que se atreviesen á penetrar en los valles y ramblas vecinas.

 

Las Mesas de Villaverde son en su mayor parte inaccesibles é inexpugnables, como defendidas por la naturaleza con altísimos tajos, horribles derrumbaderos y profundos barrancos. La acción destructora del tiempo, los largos asedios y algunos trabajos de labor, han vencido un tanto su primitiva aspereza, y á ello se debe que su acceso sea hoy más fácil que en los pasados siglos. Hoy sus principales subidas son dos, los Portezuelos ala. y la Puerta del Sol al S.E. Pero aun ahora la subida es agria y difícil, pues se hace á favor de sendas estrechas y tortuosas, inaccesibles á huestes armadas, y que fácilmente se pudieran defender por las obras de fortificación que existían en lo antiguo y por las cuevas de los andenes. Este acceso debía ser mucho más difícil en las esta­ciones de las lluvias, cuando los torrentes y arroyos crecidos convertían las Mesas casi en una isla. Rodéanlas en efecto el río Guadalhorce, el arroyo de Villaverde, el de los Granadas y el del Colmenar, que viene de la parte de Ardales."