El Hombre de Neanderthal

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Se conoce con el nombre de Hombre de Neanderthal una de las razas humanas que habitaron el antiguo mundo durante el Paleolítico medio. El tipo humano que la representa está considerado como un paleanthropus, en oposición al Cromagnon o nealthropus. El h. de N., desde que fue introducido en el marco de la Prehistoria como uno de los principales eslabones en la cadena evolutiva de la humanidad, ha recibido diversas denominaciones; H. neanderthalensis (King, 1864), H. calpicus (Keith, Busk, 1864), H. europeus primigenius (Wilser, 1898), H. sapiens neanderlhalensis (Kleinschmidt, 1922), o simplemente H. musteriensis por su relación con la cultura de este nombre. Se sabe que aparece en el interglaciar Riss-Würm y desaparece al final del estadio II de la glaciación última, es decir, su existencia está íntimamente ligada con la cultura musteriense (v.). Yacimiento epónimo. El nombre de N. con el que, en términos generales, se conoce este tipo humano deriva del valle de Neander, cerca de Düsseldorf (Renania). En 1856, explotando la piedra caliza de un acantilado, se encontró por encima del río Düssel una cueva de 5 m. de profundidad, 3,30 m. de ancho y 2,5 m. de altura (cueva de Feldhofer). Al descombrar el suelo se descubrió entre una gruesa capa de arcilla (1,50 m. de espesor) un esqueleto. Este hallazgo, accidental, efectuado por unos obreros que en principio no supieron darse cuenta del hallazgo, contribuyó a que cuando se tomara el debido interés solamente pudieran salvarse algunos fragmentos de la bóveda craneana junto a otros huesos tales como los fémures, húmeros y escasas costillas, pertenecientes a un mismo individuo, sin que se localizara utillaje alguno. Los restos óseos fueron sometidos a estudio. En 1857 fue dado a conocer por G. Fuhlrott, y a partir de ese momento comenzaron las discusiones sobre este antiguo ser, a la vez que se sucedían las investigaciones. Schuafhauser fue el primero en reconocer el gran interés científico de la bóveda craneal, mientras que Virchow, dudando de su antigüedad, la explicó como un caso patológico y la emparentó con cráneos modernos. Pocos años después, los descubrimientos se sucedieron, evidenciando la existencia de una nueva raza desconocida hasta entonces. El hallazgo del valle de Neandel le dio su nombre; sin embargo, con anterioridad a este descubrimiento había aparecido en la península Ibérica, en Gibraltar, un fragmento de calvaria, recogido por Flint en 1848, pero que no se estudió hasta 1864. Los hallazgos se han enriquecido con el trascurso del tiempo, y hoy podemos decir que la raza de N. es, con excepción de la de Cromagnon, la mejor conocida de todas las que habitaron el mundo durante el Paleolítico. El hombre de la Chapelle-aux-Saints. Los restos óseos que han servido para definir al N. no han sido los del valle de Neander sino el esqueleto hallado en una cueva francesa de Bauffia (Correze), localizado por los abates A. y J. Bouyssonie, y L. Bardon en 1908. Se trataba de una inhumación depositada en una fosa rectangular. Junto al cadáver aparecían algunos instrumentos de la cultura musteriense y ofrendas alimenticias. El estudio de los restos animales comprobaron que se trataba de una fauna fría (rinoceronte de narices tabicadas, reno, hiena de las cavernas), testigo de la Humanidad en el principio de la glaciación Würm. El esqueleto fue estudiado magistralmente por M. Boule (1913). Se trataba de un individuo adulto de 50 a 55 años, a juzgar por las suturas craneales, edad sorprendente y que podemos considerar como la de un anciano, si tenemos en cuenta que durante el Peleolítico la edad media del h. fue bastante corta. A partir del estudio de Boule, el h. de N. 9uedó perfectamente definido y, si en un principio se Integraron en la nueva raza todos los restos humanos que por su antigüedad o características peculiares no podían asociarse con los entonces considerados «sapientes» (cro-magnones), hoy, a pesar del volumen de los hallazgos, no hay posibilidades de confusión. Características. Aunque en el hallazgo de la cueva de la Chapelle-aux-Saints se procedió con sumo cuidado, algunos datos quedaron imprecisos. Unos han podido subsanarse gracias a descubrimientos posteriores, otros están todavía por resolver. La fosilización de los huesos y la divergencia de edad y sexo entre todos los restos óseos que podemos considerar como neanderthales no permiten precisar todas las características anatómicas de esta raza. No obstante, aun reconociendo la existencia de estas salvedades, podemos fijar con absoluta garantía las características generales del h. de N., muy homogé-neas y definidas, que se confirman y enriquecen paulatinamente con nuevos hallazgos, aunque por desgracia menos numerosos que los de Cromagnon. a) Cabeza. Muy robusta, con 8 mm. de espesor medio en los huesos. Cráneo voluminoso y muy alargado, con la bóveda aplastada, es decir, dolicocéfalo, con un Índice de 72, y marcada mente platicéfalo. Occipital saliente con el agujero poco más bajo que en el hombre actual y rematado en una especie de moño para ayudar la inserción entre la cabeza y los músculos posteriores del cuello, de tal modo que, en general, la cabeza quedaría algo adelantada en relación con el resto del cuerpo. La cara, en contraste, está más desarrollada a pesar de la frente baja y huidiza con enormes arcos superciliares a modo de visera. que confieren al rostro un aspecto arcaico un tanto bestial. Este torus supraorbitalis se sobrepone a unas enormes cavidades orbitales, redondas, confluentes en la glabela y netamente destacadas del frontal, separadas por la nariz, ancha, con espina nasal. Aparte del torus y del reborde óseo de las órbitas, la cara, larga y prognata toma apariencia de hocico por el aspecto que le confieren los pómulos huidizos, muy diferentes a los del h. actual. Mandíbula inferior robusta, sin mentón. Apófisis mastoide pequeña. Denticion voluminosa con unos molares muy primitivos. En general, la cara contrasta con la grácil, alta y orthognata del Cromagnon. La capacidad craneana del N. puede evaluarse en unos 1.600 cm3 aprox. aunque algunos individuos han llegado hasta 1.650 cm3' y otros alcanzan cifras inferiores. A pesar de este enorme desarrollo, su conformación cerebral presenta ciertos rasgos Slimlescos, con una reducción de los lóbulos frontales y menor desarrollo de las circunvoluciones cerebrales. , así como en el conjunto general de la cabeza. Cuerpo. y extremidades. Columna vertebral corta y maciza. Coslillas robustas. Tórax ancho, con los músculos intercostaes acusados. Claviculas largas, delgadas y arqueadas. Humeros cortos, robustos, con cabezas articulares voluminosas, el derecho más fuerte que el izquierdo, como en las razas actuales. Manos de morfología humana. Miembros inferiores voluminosos, fuertes y ligeramente arqueados. Bastante cortos en relación con el h. actual. La altura media del N. es de 1 60-1 65 m. En sÍntesis,. tanto su anatomía como sus rasgo; externos evidencian un tipo humano más evolucionado que los arcantropinos, pero inferior al neantropo, con lo que se puede demostrar que el progreso técnico es paralelo a la evolución humana.

Difusión geográfica. Se conocen restos de numerosos N. en. todo el mundo antiguo: Europa, Asia y África. Francia es la nacion que muestra mayor número de vestigios antropológicos: hallazgo de la Chapelle-aux-Saints; esqueleto Incompleto de Regourdon (Dordoña); cráneos de La Ferassie, La Quina y Le Moustier; mandíbulas de La Chalse y Malarnaud; restos infantiles de Pech de l' Aze... En España, restos de una cráneo infantil en Devil's Tower (Gibraltar, 1926), femenino en Forbes Quarry (1848); parietal de la Cueva Negra de Bellús (Valencia) estudiado por Fusté; mandíbula de Bañolas (Gerona); diversos restos en la cueva de La Carigüela, en Piñar (Granada), estudiados en 1960 por Spahni y García Sánchez ... Bélgica: en Spy, Engís y La Naulette. Alemania: valle de Neander, Taubach, Ehrindorf y Steinheim. Italia: dos cráneos en Saccopastore y restos de tres individuos en Monte Circeo. Croacia: Krapina (12 cráneos y otros restos, hasta un total de unos 14 individuos). Crimea: restos infantiles en KiikKoba, etc. Palestina: Gracias a los hallazgos de D. A. E. Garrod, a partir de 1925, es famosa por los descubrimientos en la cueva de Tabur (esqueleto femenino y masculino); en la de El Skhül (siete adultos y tres niños); cráneo de la de Zutiné y restos de otros cinco individuos en la del Djebel Kafzels, cerca de Nazaret. En el lraq, en los montes Zagros, restos de seis adultos y un niño en la cueva de Shanidar, con una cronología según el C14 que oscila entre 45.000 y 60.000 años ... En el río Solo, en lava, se hallaron otros restos con los que se creó el Horno soloensis o lavanthropus. En Africa pertenecen igualmente a la raza N. el cráneo de Broken Hill (Horno rhodesiensis) y el de Saldanha, cerca de El Cabo. Los restos que sirvieron para crear el Africanthropus njazassimus son indiscutiblemente neanderthales y están asociados a la industria levalloisiense (v. MUSTERIENSE). En la cueva de HavaFteau (Cirenaica) hay restos fechados de hace 30.000 años. Igualmente existen hallazgos en el norte de África, en Tánger y Rabat. La extensión de esta raza y la uniformidad de la industria que suele acompañar a estos restos óseos hace pensar en un grupo humano bien caracterizado a partir del retroceso de la glaciación Riss y cuyos rasgos específicos varían en correspondencia con su evolución en el tiempo. Teniendo en cuenta estas variantes se han podido establecer dos grandes grupos: a) N. antiguos o prewürmienses, en correspondencia con el interglaciar Riss-Würm en sus fases finales. En este grupo se sitúan, entre otros, los hallazgos de Ehringsdorf, Saccopastore, Steinheim, etc. Es sorprendente que sobre todo este último, así como la mandíbula de Montmaurin, presenten dentro de una mayor antigüedad rasgos más modernos, análogamente a lo que ocurre con los llamados presapiens b) N. clásicos, típicos o würmienses, asociados a los primeros estadios de la glaciación Würm, y a una fauna fría (mamut, rinoceronte lanudo, etc.), junto a instrumentos típicamente musterienses. La mayoría de los hallazgos están dentro de este segundo grupo. Problemática en torno a la desaparición del Neanderthal El h. de N. no es antecesor directo del actual. En la larga cadena de la génesis humana ha debido de haber una serie de contactos genéticos, de hibridaciones, que habrán desembocado en la morfología actual. Sabemos que con anterioridad al N. típico han existido, desde sus comienzos, variantes que preludian la anatomía del auténtico sapiens o Cromagnon, complicando el cuadro de la evolución. Hoy se está de acuerdo en considerar a la raza de N. hermana de las actuales, coetánea a otros grupos antropológicamente más avanzados en su morfología, y que terminan imponiéndose sobre los neanderthaloides por eliminación y selección natural de las especies. Los hallazgos de Palestina refuerzan estos contactos e hipótesis. Vida material. Es mucho más compleja que la de los h. del Paleolítico inferior. Es seguro el uso del fuego artificial. El N. tiene un perfecto dominio de la técnica del sílex, complicando y perfeccionando el utillaje lítico con una talla más depurada y un profundo conocimien to del retoque. Se desarrolla la técnica de lascas. El hueso y la madera ocupan un lugar destacado como materias primas. Es, en suma, el preludio de las conquistas técnicas alcanzadas por el horno sapiens-sapiens. Los nuevos útiles permiten un trabajo más depurado en las pieles, en el aprovechamiento de la caza, en toda su cultura material. Predomina el hábitat en cueva, seguramente por influencia de la rigurosidad climática, pero existen también instalaciones al aire libre con complejas estructuras. Enlosado en uno de los niveles de La Ferrassie (Dordoña), hoyos donde se hincarían una serie de postes o estacas, en Combe Grenal, fondo de cabaña en Moldova 1, etc. La industria, casi en su totalidad, está asociada a la cultura musteriense. Al N. prewürmiense corresponde un musteriense frío de tipo Weimar, mientras que el N. típico está asociado a un musteriense evoucionado. Sin embargo, a pesar de la estrecha relación entre raza y cultura existen una serie de incógnitas: ¿cómo era el h. que fabricó el utillaje musteriense de tradición achelense? Estas gentes se moverían en pequeñas hordas o tribus, en grupos de 30 ó 50 personas.

Para la península Ibérica se calcula la existencia de unos 10.000 individuos de esta raza. Se ha especulado mucho sobre las relaciones entre unos grupos y otros, y sobre los contactos entre zonas alejadas, o un posible intercambio comercial. En torno a conjeturas de este tipo, aparte de la homogeneidad entre grupos distanciados geográficamente, puede citarse el hallazgo de una concha marina procedente del índico y localizada en el estrato musteriense de las grutas de Grimaldi (Italia). En su conjunto, la cultura que acompaña al N. es mucho más diversificada y copiosa que la que aparece en el periodo achelense. Vida espiritual. Tal vez la característica que ha dado el calificativo de sapiens al N. Y el factor diferenciador más contundente con respecto a las razas anteriores es el de la intensa vida espiritual. Por primera vez en la historia de la Humanidad encontramos unas manifestaciones psíquicas y religiosas indudables. No se ha podido demostrar la existencia de un arte, pero es seguro el uso de colores. En numerosos yacimientos se han recogido materias colorantes a base de ocre rojo y óxido de manganeso (negro), por lo que se puede deducir su aplicación en pinturas corporales o tatuajes e incluso en la decoración y teñido de pieles o maderas. Se han encontrado, incluso, trituradores de color en Pech de l'Aze. No existen objetos de adorno como en el Paleolítico superior, pero se puede presumir la existencia de collares, brazaletes, diademas, etc., a base de semillas vegetales o de elementos que no se han conservado. Su concepción mágica y religiosa se manifiesta principalmente en los enterramientos intencionados y en el culto a los muertos, que hacen pensar en creencias en el más allá. Sepulturas deliberadas aparecen en numerosos yacimientos. Fosa ya mencionada de la Chapelle-aux-Saints, en Le Moustier; al lado del cadáver se recogieron útiles líticos, restos de colores y huesos de animales, verdaderas ofrendas alimenticias. En otros yacimientos se han localizado cornamentas de cabra y piedras de jaspe, a modo de talismanes. En la Ferrassie, Peyrony exhumó el esqueleto de un adulto en posición decúbito supino, el de una mujer en posición invertida, acostada sobre el lado derecho, replegado; también dos sepulturas infantiles, un feto y el enterramiento de un niño, sin cabeza, cubierto por una losa. El cráneo se localizó aplastado, a más de 1 m. de distancia. Spy. La Quina, Combe Grenal, monte Carmelo, etc., muestran otros enterramientos, bien sobre un lecho preparado de piedras o en simples fosas rodeadas por piedras irregulares en seco. Los cuerpos se presentan tanto extendidos como atados o plegados violentamente. Estas manifestaciones se han relacionado con los cuidados especiales que impiden al muerto perseguir o dañar a los vivos. Aparte de estas peculiaridades, son frecuentes los hallazgos de mandíbulas aisladas (p. ej., Bañolas), tal vez un culto especial a esta parte del cuerpo, ligado al culto al cráneo. En monte Circeo (Italia), en el fondo de uno de los corredores de la gruta de Guattari, apareció sobre el suelo virgen y rodeado de un círculo de piedras un cráneo aislado junto con gran cantidad de huesos de animales. El cráneo presenta la huella de una profunda herida y el orificio occipital ensanchado artificial mente, peculiaridad que. se repite en los 11 cráneos de Ngandong (Java), además de carecer de mandíbula inferior. Rel;¡donado con un tótem protector de la caza puede ser Uha serie de hallazgos que hacen pen.sar en un culto al oso. En las cavernas de Drachenloch (Suiza) se descubrieron una especie de «cofres» con piedras planas en cuyo interior se guardaban esqueletos de ursus speleus. En la misma región, en otra gruta, aparecieron dos cráneos del mismo animal en nichos excavados en las paredes. En Franconia se repite el mismo hecho y en otros lugares se han recogido más de tres centenares de colmillos del mismo animal. Este culto al oso ha recobrado su interés con los recientes descubrimientos de F. Bordes en la cueva francesa de Regourdon. Todo, en su conjunto, inclina a pensar en una serie de manifestaciones psíquicas comparables a cultos y mitos de ciertos pueblos primitivos.

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