El Naufragio del Gneisenau

gneisenau

La Fragata

La fragata de guerra Gneisenau de 2843 toneladas, 470 tripulantes y 14 cañones, mandada por el comandante Kretschmann, se encontraba anclada en las afueras del puerto de Málaga en espera de recoger al embajador alemán, de misión en Marruecos. Ya el día 15 se había presentado desapacible en la ciudad y al amanecer del día siguiente un fuerte temporal de Levante aconsejó a las autoridades de Marina recomendar al comandante alemán que fondease la nave en el interior del puerto, Kretschmann, en un gesto de confianza excesiva, desantendió el consejo y a las once y media de la mañana, rotas las amarras que la unían a sus anclas, quedó la fragata a merced del temporal, hundiéndose al poco tiempo. Murieron ahogados un número indeterminado de marineros, entre ellos el comandante. Doce malagueños murieron en las tareas de auxilio. La reina María Cristina, en nombre de su hijo el rey Alfonso XIII, concedió a la ciudad de Málaga el título de “Muy Hospitalaria”, que desde entonces campea en su escudo. La colonia alemana en Málaga, recogiendo el deseo de sus compatriotas de mostrar de alguna forma su agradecimiento al pueblo de Málaga por su solidaridad con la catástrofe de la Gneisenau ocurrida siete años antes, abrió una suscripción que encabezó el propio emperador Guillermo II. Los fondos recaudados se destinaron a la construcción de un puente, el actualmente llamado puente de Santo Domingo. 23 de Septiembre de 1907.

El capitán G. Kretschmann, comandante de la "Gneisenau", muerto en el naufragio

Pero Málaga, con la satisfacción de un deber cívico cumplido, pronto volvería a su que hacer de todos los días. Cierto que ahora, a principios del siglo XX, sus actividades no eran ya las de poco tiempo atrás: Plena industrialización y comercialización de sus tradicionales productos vitícolas. Ahora, tras la plaga filoxérica y la caída de los principales sectores de la economía malagueña, nuestra provincia se vería reducida a un desesperante y dramático subdesarrollo .
En esta terrible crisis, Málaga va a ver agravados aún más sus problemas con una serie de trágicos sucesos, una serie de riadas incontrolables a lo largo de los primeros años del siglo XX. Entre todas ellas, la riada de 1907 fue la más funesta. El pueblo de Málaga no iba a ser en esta ocasión mero espectador y activo colaborador desinteresado ante la tragedia ajena que se cernía en su ciudad. Ahora, en esta oportunidad, el drama se abatiría sobre sus mujeres, hombres y niños, sus enseres domésticos, sobre el pueblo entero. Era el 23 de septiembre. Decenas de calles y plazas resultarían completamente anegadas por el agua y el lodo, causando importantísimas pérdidas . En su imponente avenida el río Guadalmedína arrancó los puentes de la Aurora y el de Santo Domingo, causando serios daños en el de Tetuán . El del ferrocarril, situado en la desembocadura, quedaría también arrasado. La catástrofe de Málaga "repercutió en pocas horas en el mundo entero". De todas partes llegaron socorros en favor de los damnificados que vieron así aliviados momentáneamente sus primeras necesidades. El rey Alfonso XIII visitaría la ciudad días más tarde, ante la magnitud de la catástrofe. La colonia alemana en Málaga decidió "invertir el importe de la suscripción que se abrió para atenuar los daños producidos por la inundación, a la construcción de un puente sobre el Guadalmedina. El propio emperador Guillermo 11 encabezaría la suscripción. y es que los alemanes no habían olvidado la heroica hazaña de los malagueños para con sus marinos de la "Gneisenau". Era ahora necesario colaborar en remediar los daños, en la medida de sus posibilidades. Su pequeña ayuda -la pasarela de hierro "Santo Domingo"- fue una gran muestra de gratitud y reconocimiento al pueblo malagueño que tanto nece­sitaba en aquellos momentos de penuria y privación. La fragata de guerra alemana "Gneisenau" se encontraba anclada en las proximidades del puerto de Málaga el 16 de diciembre de 1900. "Era un barco de 2.843 toneladas y desplazaba 14 cañones. Su dotación se componía de 470 tripulantes. Al frente del buque se encontraba el comandante Kresthmann. La estancia del barco en nuestras aguas se debía a una embajada extraordinaria que Alemania realizaba en Marruecos. Por este motivo la "Gneisenau" se hallaba en espera de que el embajador alemán cumpliese su misión, para salir rumbo a Mogador y recoger la embajada . Eran estos años primeros del siglo XX en los que los acuerdos y tratados entre España, Francia e Inglaterra buscaban soluciones partidistas en el norte de Africa; en los que los intereses estratégicos, económicos y financieros de las primeras potencias europeas estaban en juego, disputándose la primacía de la zona:

  • - Francia intentaba extender su influencia por el Mogreb y obtener así mayor seguridad para su colonia Argelia.
  • - Inglaterra trataba de fortalecer su posición en el estrecho de Gibraltar.
  • - España dedicaba también una atención preferente a la cuestión de Marruecos, sobre todo tras el desastre del "98", Y como protección a una cadena de establecimientos litorales en el norte marroquí.
  • - Alemania se esforzaba en hacer acto de presencia en la zona siquiera sea para obtener compensaciones, cada vez que Francia, Inglaterra y España pretendían resolver por su propia y exclusiva cuenta el problema marroquí.

Durante todo el día 15 del mes de diciembre de 1900 oscuros nubarrones habían ido poblando todo el cielo de nuestra ciudad, y una pertinaz e insistente lluvia había hecho su aparición. La madrugada del 16 el mal tiempo fue empeorando progresivamente, y el amanecer presenciaba ya un fuerte temporal de Levante que se había adueñado de nuestra costa. La fragata alemana permanecía en las inmediaciones del puerto. Mausoleo donde descansan los restos de los náufragos en el cementerio Inglés de Málaga El comandante del buque recibió a primeras horas de la mañana un mensaje de la Comandancia de Marina en el que se le advertía del progresivo empeoramiento del tiempo, y se le invitaba a que entrase y fondeara el barco dentro del recinto portuario. Pero el aviso fue desatendido . Según Pérez Triano, el comandante contestó lo siguiente: "Agradezco las buenas intenciones, pero las aguas del Mediterráneo son mansas. La "Gneisenau" siempre salió victoriosa en los mares. Eran las 11,30 de la mañana. Una solución que cada vez se hacía más difícil y angustiosa. Finalmente se rompió también la segunda y última ancla y fue entonces cuando la fragata quedó a merced de las olas y del huracanado viento . En esta terrible situación se dispuso la evacuación de la tripulación, botando al mar varias lanchas. Una de ellas, dada la proximidad de la costa, fue inmediatamente a estrellarse contra las rocas. Las otras eran zarandeadas por las impetuosas olas y sin ningún control de sus aterrados ocupantes. "Botes que tan pronto se llenan de náufragos como se hunden en el mar, arrastrando la carga de muchos hombres que se confunden con las irritadas olas. Otros eran empujados contra las piedras abriéndose la cabeza, rompiéndose los brazos y las piernas, destrozándose mutuamente. Entre tanto, la inmensa nave iba acercándose peligrosamente al malecón .. El comandante, sobre cubierta, seguía intentando poner a salvo a los marineros, "pero un golpe de mar lo echó fuera, comenzando una lucha desesperada con el terrible elemento durante dos horas, agotando sus fuerzas, concluyó por sumergirlo. Por fin la nave fue arrojada contra la escollera, quedando encallada entre las rocas. "El buque fue hundiéndose, quedando sólo con la extremidad de los mayores palos fuera. Para el pueblo de Málaga no había pasado desapercibida aquella tremenda situación. Desde los primeros momentos de la tragedia numerosas personas que habían observado el barco, comenzaron a correr la voz y a acercarse a las proximidades de la escena, y casi sin vacilar, instintivamente, fueron organizándose grupos de auxilio. Varias embarcaciones se hicieron a la mar, logrando rescatar a algunos marineros casi desfallecidos; otras no tenían la misma fortuna y eran a su vez pres.a de las aguas. Otros grupos arrojaban desde las peñas cuerdas a los hombres que luchaban desesperadamente contra las olas y las rocas. Otros lograron coger un cable que les arrojaron desde el buque encallado algunos marineros que aún permanecían en él, y amarrándolo a las piedras, permitieron que, deslizándose sobre la cuerda, se salvasen algunos de ellos . El periódico "La Información" narró, un año después de la catástrofe, la actuación de los malagueños en los siguientes términos: "El pueblo de Málaga levantóse al impulso celestial de caridad y acudió a la catástrofe, mezclando su grito de espanto con el de angustia y dolor del náufrago. Todo el pueblo sin distinción de clases, como un solo ser, un solo corazón, se ocupó del salvamento; unos con la cuerda, otros con la venda, otros entre las mismas peñas escondidos esperaban que a su alcance llegara alguno de aquellos seres, juguetes de las embravecidas olas, y los hospitales, los coches, los brazos de todo el mundo eran sólo para los alemanes, para los náufragos, nuestros huéspedes, nuestros hermanos en la desgracia.
Los heridos fueron llevados al Hospital Noble y el resto de la tripulación salvada al Cuartel de Levante y al Ayuntamiento, donde se llevaron camas de la Cruz Roja. La oficialidad fue acogida por el cónsul de Alemania, don Adolfo Príes, en su domicilio.Lápida con el nombre de algunas víctimas En el cementerio de los "ingleses" Hubo también algunas víctimas entre los intrépidos malagueños que participaron en el rescate. Aunque no se ha podido constatar la cifra, han llegado a cifrarse en 12 el número de los ahogados. Málaga entera, junto con los supervivientes, acudió al enterramiento y oficios religiosos de las víctimas, "demostrando en los actos el luto que rodeaba a la población y el sentimiento que la embargaba a la vez que la muestra de consideración y amistad a la nación amiga . Días más tarde, la prensa europea recogió el suceso, exaltando la actitud de los malagueños: "El 'nombre de Málaga ha sido pronunciado con respeto en todo el mundo civilizado, coincidierido en sus juicios respecto a los rasgos de heroísmo realizados en tan solemnes momentos y la hospitalidad tributada des­pués a los marinos alemanes". El poeta alemán Juan Fastenranth, en una carta de agradecimiento dirigida a don Narciso Díaz Escovar, decía entre otras cosas: " ... los alemanes, conmovidos por pruebas tan evidentes de abnegación y valor insuperables, damos nuestros corazones a los dignos hijos de la siempre heroica y siempre benéfica España, y rogamos a Dios que derrame sus bendiciones sobre cada marinero malagueño y sobre la ciudad que, si antes brindaba la salud a los enfermos, es hoy la samaritana de los heridos, presta toda clase de auxilios a los náufragos y abre la puerta del sepulcro a los héroes alemanes muertos en la espantosa catástrofe ocurrida el 16 de diciembre". La prensa malagueña se hizo eco igualmente de la noticia, recogiendo ampliamente el suceso, así como los pormenores en los días sucesivos. Es digno de destacar el hecho acaecido a cinco pescadores, por la honradez demostrada, que, regresando de su tra­bajo, divisaron el cuerpo de un hombre flotando en las aguas. Tras elevarlo a la barca, y sin tocar para riada sus ropas, lo condujeron a la playa del consulado alemán, entregando el cuerpo sin vida alrepre­sentante de la nación alemana. Una vez reconocido el cadáver y registradas sus ropas, se encontraron en los bolsillos dinero y joyas cuyo valor ascendía a una respetable suma . María Cristina, la Reina Regente española, pocos días después del suceso, el 3 de enero de 1901, otorgaría al pueblo de Málaga, por su abnegado heroísmo para con los náufragos alemanes, el título de "Muy Hospitalaria" mediante el siguiente Real Decreto: "De conformidad con las razones expuestas por el ministro de la Gobernación, de acuerdo con el Consejo de Ministros: En nombre de Mi Augusto Hijo el Rey D. Alfonso XIII y como Reina Regente del Reino, Vengo en conceder a la ciudad de Málaga el título de MUY HOSPITALARIA a que tan honrosamente se ha hecho acreedora, rivalizarido todas sus clases, Corporaciones y Ayuntamiento en el salvamento de náufragos de la fragata de guerra alemana "Grieisenau", acreditando una vez más las altas dotes de abnegación y valor y caridad que distinguen a tan noble pueblo. Dado en Palacio a tres de Enero de mil novecientos uno.-MARIA CRISTINA.-EI Ministro de la Goberriación, JAVIER UGARTE".

Después de casi dos semanas de permanencia en el Hospital Noble, los últimos heridos del naufragio fueron dados de alta, y días después zarparían en el vapor "Andalucía" con rumbo a Alemania. Los ma­rinos fueron despedidos en el muelle por la colonia alemana y por numerosas personas que presenciaban el embarque; asistió igualmente una comisión del Ayuntamiento.

Los marinos alemanes que quedaron en nuestra tierra quedaron para siempre en ella. Desde entonces son partícipes de la historia de Málaga. En el cementerio de los "ingleses" reposarían los restos de aquellos que no pudieron ser rescatados con vida. Fueron 41 víctimas. Un mausoleo recoge los restos de estos hombres, conservándose aún hoy día el sepulcro en perfecto estado. Una corona de laurel con un lazo con los colores germanos y algunas flores perduran todavía la memoria de aquellas víctimas.
En el Liceo de Málaga, el 30 de septiembre de 1901, se haría el reparto de diversos regalos a la ciudad por su heroica acción y como agradecimiento del Gobierno alemán. Presidió el acto el cónsul de Alemania, don Adolfo Príes, con los gobernadores civil y militar, el alcalde de la ciudad y otras autoridades. Se leyeron las distinciones, y el señor alcalde dio las gracias en nombre de la ciudad .

El primer aniversario del naufragio la prensa mala­gueña recordó ampliamente el triste suceso, dedicando al caso amplios espacios, acompañados de diversas fotografías del buque y de la oficialidad. Destaca la letrilla compuesta para ser cantada en los carna­vales del año 1901, con la que se recordaba la trá· gica efemérides. Dice así:
El diez y seis de Diciembre viste de luto a la historia
y en el pueblo malagueño deja una triste memoria. Una jragata alemana
que era una gran maravilla, por juera de la escollera
se jue a pique en la misma orilla. Sus valientes tripulantes
contra las olas lucharon
y a pesar de sus esjuerzos muchos de ellos se ahogaron. Los que salieron con vida daba al verlos compasión,
y lágrimas arrancaron
de nuestro buen corazón.
El terrible naujragio
que en Málaga hemos tenido nos deja triste recuerdo
y el corazón dolorido.

Hombres, niños y mujeres no paraban de llorar,
al ver que con sangre humana se enrojea la mar.
Los muertos y los heridos, cuando los echaban en tierra, recordaba nuestra mente
lo de las últimas guerras.
En Santiago y Cavite
¡qpenas no pasarían
tantos pobres injelices
que morirían un día!
El .comandante primero
de la fragata perdida
dicen que tuvo la culpa
de la desgracia ocurrida. Pues el sabio comandante
de nuestro puerto de mar
le avisó con mucho tiempo que había un gran temporal. El alemán contestó
que lo que hacía sabía
y que le daba las gracias
por la advertencia que hacía. Cuando al poco rato vimos que el gran huracán entró
y aquel que tanto sabía
jue el primero que murió.
Orgullosa debe estar
Málaga por mucho tiempo
y A lemania admirará
su .noble comportamiento.


El diez y seis de Diciembre con an'ojo delirante
todo Málaga invad
la escollera de Levante.
Allí lucharon los hombres, las mujeres y los niños,
y a los heridos curaban
con gran cuidado y cariño. Este pueblo nada hizo
por interés de ganar

porque sabe todo el mundo que fue por humanidad

Documento de agradecimiento enviado por el Emperador de Alemania al Ayuntamiento de Málaga:

 

 

 

 

"En nombre de
S.M. el Emperador de Alemania
al concejal señor José García Harrera transmito por la presente
el agradecimiento más expresivo
de S.M. el Emperador de Alemania Guillermo 1I
en reconocimiento de la actitud valerosa y humanitaria demostrada con motivo del naufragio
del buque escuela de G.M. "Gneisenau" ocurrido el 16 de diciembre de 1900
en la rada de Málaga.
Berlín, 3 junio 1901.
El secretario de Estado del Almirantazgo Imperial Von Tirpitz".

 

 

 

 

 

 

 

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