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La monarquía goda, que por espacio de 200 años había reinado en España, se derrumbó cuando Tarik, con tan solo 7.000 beréberes, triunfó sobre el rey don Rodrigo el año 711 en el río Guadalete.
Con esta victoria empieza para Málaga la Edad Media, que concluirá en Agosto de 1487, cuando los estandartes de Castilla y Aragón ondeen en las torres de Gibralfaro.
Málaga fue sometida por Abdelazis, hijo de Musa y gobernador de Sevilla, quien hizo en ella gran destrozo, por lo que sus moradores huyeron a los montes inmediatos, donde se resistieron algún tiempo, hasta que negociaron con los moros las condiciones en que habrían de conservar su religión, leyes y propiedades. No garantizaron estos pactos, como es de suponer, una convivencia estable, sino que hubo persecuciones, y es posible incluso que se llegase a la desaparición de los cristianos, deportados a África.
Los invasores africanos formaron una cora o provincia que abarcaba sensiblemente el actual territorio provincial malagueño, excepto Ronda y Campillos, e integraba, por la parte oriental, algo de la provincia de Granada. Dieron a esta cora el nombre de Rayya, de discutida etimología, y aunque alguna vez lo aplicaron también a la ciudad, generalmente a ésta le mantuvieron el nombre y pronunciación antiguos, Malaka, o bien Malica y Malicha. Los musulmanes, no obstante, no mantuvieron en ella la capital del distrito, que ostentaban bajo los visigodos, sino que, por razones probablemente estratégicas, la establecieron en Archidona, aunque antes del siglo XI recuperó la capitalidad. Fue residencia de los wallíes o gobernadores, que tuvieron importante protagonismo y poder.
Fueron los árabes habilidosos para la agricultura, expertos en el aprovechamiento de las aguas, buenos constructores de pozos, norias y acequias. Estas facultades, unidas a la fertilidad del suelo malagueño y a su clima, hicieron que desde Fuengirola a Vélez la costa fuese un higueral. Los alrededores de la ciudad se regaban con aguas del Guadalmedina – Wad-al-medina, río de la ciudad.
Ocho siglos de historia árabe Vista de la Alcazaba de Málaga A principios del siglo VIII comienza el derrumbe de la monarquía goda y, a mediados de este mismo siglo, la penetración del Islam en la península ibérica desde las costas del Norte de África.
Este fenómeno se observa en la provincia de Málaga en el asentamiento de nuevos pobladores, árabes y beréberes y también con la huida a los montes de la población indígena. Tras la conquista árabe la ciudad formó parte de la región musulmana de Al Andaluz, llamada por ellos Malaqa . En el 743 entre definitivamente dentro del área de influencia árabe, tras años de sublevaciones de sus habitantes hispano romanos que serían sofocadas por el gobernador de la ciudad Abd Al Ariz, en 716.
Con la sumisión de Bobastro ante Abd-al-Rahman III se impone totalmente el sistema islámico en la tierra de Málaga lo que se traduce en una etapa de paz y un nuevo esquema de población, basado en el desarrollo de las ciudades y la proliferación de alquerías en el mundo rural, con el florecimiento del artesanado y el comercio, así como de una agricultura intensiva con base en el regadío, en contraste con el feudalismo que sufría el resto de Europa.
Se convirtió en ciudad floreciente, rodeada por un recinto amurallado provisto de cinco grandes puertas y con gran cantidad de de arrabales y barrios asimismo amurallados, dentro de los que evolucionaban los adarves, salpicados de huertas a orillas del Guadal Medina, y cruzada de este a oeste por una vía que comunicaba al puerto y la fortaleza con el interior del recinto amurallado; junto al recinto, se asentaban los barrios de comerciantes genoveses y las juderías, de forma independiente del resto de la ciudad. Tras la división en taifas llegó a ser capital de la taifa hammudí. Del urbanismo de ésta época, quedan trazas en el centro histórico y en dos de sus principales monumentos: La Alcazaba y el Castillo de Gibralfaro, además de un doble amurallamiento: la Coracha. Tras ello, el Califato de Córdoba se divide en casi una cuarentena de Reinos de Taifas. En esta época Málaga fue la capital de su propio reino, Rayya, independiente con la excepción de los intervalos de 1026-1058 (conquistado por Granada), 1073-1090 (bajo dominio almorávide), 1145-1153 (bajo dominio almohade).
Es el año 1089 cuando los almorávides son llamados por los Reinos de Taifas para solucionar problemas rivales, quedándose en Al-Andalus y arrebatando el domino a los regentes musulmanes. En ésta época, contaba Málaga con dos arrabales fuera de las murallas y un comercio que poseía un discreto radio de acción con Marruecos. La ciudad contaba con una clase media dedicada a la artesanía y al comercio regulada por el tratado del buen gobierno del zoco, redactado por el malagueño Al-Sagasti.
Hasta 1143 no son expulsados de Málaga, donde, años más tarde, gobernaría Ibn Hud (hasta 1238) ferviente anti almohade. A la muerte de Hud, se ofrece la ciudad al rey de Granada Mohamed I, formando parte del reino nazarí hasta finales del siglo XV. En esta época, vivían en Málaga unas 15.000 personas. En su conjunto, la población islamo-malagueña se atuvo a la ortodoxia religiosa más estricta bajo la tutela de los alfaquíes. Ortodoxia que respondía más a las normas de comportamiento social. La población no musulmana constaba de una importante minoría judaica mientras que la presencia de cristianos se reducía a los cautivos apresados en hechos bélicos, forzados a trabajabar en las Atarazanas, dónde se construían navíos ligeros para la vigilancia ribereña y el corso además de una pequeña colonia de comerciantes extranjeros. En la Alcazaba residía el gobernador de la ciudad, a menudo un príncipe nazarí, como delegado del sultán, rodeado de secretarios y juristas.
Sería, pues, Málaga una ciudad ceñida por una muralla jalonada de torres, con su foso y sus puertas, grandes y cubiertas de adornos. La alcazaba era de sólida fábrica y sus puertas bien seguras. Puentes salvaban el río. Era una ciudad completamente inexpugnable. Restos arqueológicos catalogados: loma Roja (restos medievales), cerro de San Antón, despoblado de Santo Pitar, despoblado de Jotrón, despoblado de reyna, despoblado de La Cabreriza, alquería de gálica, alquería de Juncares, despoblado de Cupiana, Macharalbornoz (casa morica), despoblado de Macharagaspar, Macharotán (Parque clavero), alquería de Mena (Campanillas), Alcazaba, castillo de Gibralfaro, muralla mazarí (de la Alcazaba a Carretería) y muro portuario, Atarazanas, restos de la Mezquita Mayor, Guadalmedina (restos de un puente medieval), edificaciones califales (calles Salinas, San Juan, Almacenes, etc.), necrópolis islámica de Yabal Faruh, ruda en la plaza de Capuchinos, arrabal medieval de Attabanim (Santo Domingo y Mármoles), arrabal medieval de Fontanalla, El Cipres (necrópolis islámica), conducción de agua medieval en Churriana, Etc. Actualmente, la plaza frente a la Alcazaba, tiene el nombre de Hamet el Zegrí, último caudillo musulmán en defender la ciudad. Igualmente varias calles o lugares llevan el nombre de las distintas puertas de la ciudad amurallada islámica y en los mismos emplazamientos: Puerta oscura, Puerta del Mar, Torre-Gorda, Puerta Nueva, Puerta de Antequera, Puerta de Buenaventura y Puerta de Granada. En algunos puntos del recorrido urbano entre los lugares mencionados es visible aún restos de la antigua muralla. sepulcro de los Reyes Catolicos LA CONQUISTA DE MÁLAGA POR LOS REYES CATÓLICOS:
En 1348, mientras la peste negra asolaba toda Europa, la Alcazaba y Castillo de Gibralfaro toman su forma definitiva. La ciudad dispone de varias puertas que permiten el paso a través del recinto amurallado, cuyos nombre siguen perdurando hoy: Puerta Oscura, Puerta del Mar La Conquista e Incorporación a la Corona de Castilla La conquista del reino de Granada comienza con la toma de Alhama por los cristianos en febrero de 1482. A los pocos meses, Muley Hacen se refugia en Málaga al ser destronado por su hijo Boabdil con el apoyo de los abencerrajes que habían regresado del exilio. Durante la Reconquista los árabes construyeron gran cantidad de torres de defensa para la ciudad; así, al oeste Torremolinos, al norte Puerto de la Torre (antiguo camino a Antequera), al noroeste las 11 torres de Alhaurín de la Torre (de las que no quedan restos) y la torre de Alhaurín el Grande y al este la de Torre de Benagalbón. La conquista de la ciudad de Málaga por los Reyes Católicos en agosto de 1487 supuso un episodio sangriento en la guerra final por la conquista del Reino de Granada. Después de un largo asedio cortando las entradas de agua y víveres a la ciudad, desde el 5 de mayo al 18 de agosto, el poderoso ejército castellano formado por 12.000 jinetes, 25.000 infantes y 8.000 soldados más de apoyo, logró tomar la ciudad defendida por 15.000 gomeres africanos y guerreros malagueños. El asedio de la ciudad fue uno de los más largos de la Reconquista, duró 6 meses y cortó el suministro de alimentos, rindiéndose estos el 13 de agosto de 1487, la población fue castigada a la esclavitud o a pena de muerte, con excepción de veinticinco familias que pudieron permanecer en Málaga, como mudéjares, en el recinto de la morería. La conquista de Málaga supuso un durísimo y definitivo golpe para el reino nazarí de Granada que perdía así su principal puerta marítima. El rey Fernando de Aragón decidió aplicar un castigo excepcional y se negó a conceder una capitulación honrosa para los vencidos. Excepto el grupo del mercader Alí Dordux que rindió la ciudad a espaldas del arraez Hamad al Tagrí o El Zegrí que resistiría en el castillo de Gibralfaro unos días más, los 15.000 supervivientes fueron convertidos en esclavos. Entre 5.000 y 6.000 cristianos repoblaron la provincia (1.000 la capital). En un primer momento se levantaron cuatro parroquias en la capital: las iglesias del Sagrario -dedicada a San Pedro, fundada en 1488 y reconstruida en el siglo XVIII, San Juan, Santiago y Santos Mártires. Había de culminarse la conquista de Málaga y su tierra por los Reyes Católicos, en Agosto del año 1487, para que se recogiera toda una serie de datos sobre la ciudad que encontraron don Fernando y doña Isabel. Cronistas tales como Hernando del Pulgar, Alonso de Palencia o Bernáldez, que acompañaban a los Reyes, nos dejaron unas narraciones de los hechos tan detalladas que trascienden incluso el terreno topográfico. Por otra parte, los conquistadores se ocuparon en seguida en organizar el reparto de los bienes raíces de los vencidos entre los nuevos pobladores cristianos. Así, a los veinte días de aquel hecho histórico, el 7 de Septiembre, los Reyes nombraron los repartidores, encargándoles que hicieran un inventario de todas las casas y tierras, lo mismo incultas que de labor, para su posterior reparto entre los que se avecindaban en ellas, dándoles como título de propiedad la correspondiente carta de donación. Se repartieron casas y heredades, se autorizó la construcción de mesones y ventas, se fomentó la repoblación de los arrabales, entre otras actuaciones, recogiéndose todo ello en cinco volúmenes que se conservan en los archivos Municipal y catedralicio de Málaga.
La ciudad empezó a cambiar su trazado urbano al adaptarse las nuevas construcciones al gusto de los reconquistadores. Se abre un eje longitudinal al que se añade otro transversal, en sentido noroeste-suroeste, cruzándose ambos en la "plaza de las cuatro calles", la Plaza Mayor (hoy en día, Plaza de la Constitución), y se empezó la construcción de la Catedral de Málaga sobre los cimientos de la mezquita mayor. Las iglesias y conventos construidos fuera del recinto amurallado que empezaron a aglutinar a la población dan lugar a la formación de los barrios de extramuros, como La Trinidad o el Perchel. En esta época tiene lugar la construcción del puerto y su posterior ampliación. El artesanado malagueño se divide en siete grandes bloques: textil, cuero, barro, metal, madera, construcción y alimentación. Málaga se convierte en un lugar de salida para los excedentes agrícolas de los reinos de Córdoba y Jaén, así como en punto de entrada de una serie de bienes que, al superar la demanda del mercado local, son llevados al interior de Andalucía. Del siglo XVI al siglo XVIII, la ciudad entró en una época de decadencia, no sólo por las consecuencias que trajo consigo el levantamiento de los moriscos y su posterior expulsión, sino también por las epidemias e inundaciones provocadas por el río Guadalmedina, que se vieron acompañadas de varias malas cosechas sucesivas durante el siglo XVII, epidemias, terremotos, inundaciones, explosiones de molinos de pólvora y las levas de soldados (alistamientos forzosos). A pesar de ello, la población aumentó de 3.616 familias a 4.296. Tras la conquista de Málaga, en Agosto de 1487, se produjo una adaptación paulatina de la estructura urbana de la ciudad musulmana a la nueva situación. Los bienes raíces de los vencidos, que fueron repartidos al clero y a la nobleza, sirvieron de solares donde se levantaron un buen número de conventos, ermitas y santuarios; unos pocos edificios públicos civiles, tales como los hospitales de San Juan de Dios, San Julián y Santo Tomás; la alhóndiga, la casa del Cabildo y poco más.